Cuéntame un cuento

Esta bendita locura de las Redes Sociales hace que cada vez que algo que me gusta llega a mis manos, esté deseando compartirlo. Tengo la misma sensación que mi admirada Fátima Martínez, que lo explicó claramente en su  blog:

Días atrás me contaban un cuento que quiero que conozcáis:

Erase hace muchos, muchos años, un joven y humilde matrimonio que recién casados veían que difícilmente podrían tirar para adelante. El marido, que amaba profundamente a su joven esposa, le dijo que la única forma de encontrar trabajo era lejos del hogar, en un lejano país, al que iría el sólo en busca de fortuna y que cuando reuniera dinero, volvería para que su amada tuviera esa vida que él sabía que merecía.

Sin miedo al destino partió del hogar y pronto en ese país encontró el ansiado trabajo. El mismo día que su jefe ó patrón confió en él, le dijo:  “No me pague usted nada cada mes señor. Sólo le pido que me guarde ese dinero y el día que deje de trabajar para usted, me lo entregue todo junto. Así, de esta forma,  podré regresar a mi casa con esa fortuna que le daré a mi querida mujer”.

No pasó un día, ni dos, ni tres, sino veinte largos y duros años de trabajo. Lejos del calor del hogar, lejos de la familia. Veinte años de siembra constante y con un único objetivo: Regresar al hogar.

Pero llegó el día soñado y nuestro amigo le dijo a su patrón: “Señor, ha llegado el día de regresar a casa. Han sido veinte años de trabajo, de experiencias. Veinte años en los que cada día he aprendido algo nuevo de usted. Me gustaría que ahora me entregara todo el dinero que he ganado en este tiempo”.

Su jefe, sin poder disimular la tristeza por perder a un trabajador de su valía, tanto personal como profesional, le dijo: ” Cierto es amigo, he de cumplir mi palabra, pero antes me gustaría hacerte una pregunta. ¿Prefieres que te de ahora mismo todo tu dinero, o prefieres tres consejos que te ayudarán durante toda tu vida y que hasta puede que te la salven?”

La pregunta tenía difícil respuesta. El honrado trabajador había depositado toda su ilusión, fe y lucha en ese objetivo. Necesitaba y deseaba ese dinero para regresar al hogar y disfrutarlo con su mujer. Pero por otra parte estaba ese jefe al que respetaba y admiraba. Confiaba ciegamente en él y veía que que estaba dispuesto a entregarle esos tres consejos secretos de la vida y que seguramente serían mágicos. Pero, ¿y si el precio a pagar era demasiado elevado? Volvería a su hogar con los tres consejos, pero con las manos vacías…

¿Qué piensas que hizo nuestro hombre? Pues sí, confió en los secretos de su jefe, en las sabias palabras de su amigo, antes que en el dinero material.

El jefe, sin expresar ni alegría ni pena, le recordó la difícil decisión : “te daré mis tres secretos, pero volverás a tu casa sin una sóla moneda. Sin nada del trabajo de veinte largos años”.

La decisión estaba tomada y ya no había marcha atrás. Aquí tenemos los tres consejos secretos de un hombre sabio:

Primer consejo:  “Nunca por acortar tomes atajos desconocidos y no claros. El camino recto, aunque más largo es más seguro”.

Segundo consejo: “No seas curioso de aquello que represente el mal, porque la curiosidad por el mal puede resultar fatal.”

Tercer consejo: “Jamás debes tomar decisiones drásticas en momentos de ira. Te equivocarás y acabarás por arrepentirte y lamentarte”.

 

Una vez recibidos los tres consejos secretos, nuestro amigo, se despidió de su jefe y éste junto a un fuerte abrazo le entregó una gran pieza de pan para que la compartiera al llegar a casa con su esposa. Sería el único presente que le llevara tras veinte años de ausencia. Tras la despedida se dispuso a realizar el duro camino desde el lejano país a su hogar.

Durante el largo caminar  se encontró a un caminante al que le pidió ayuda para llegar antes a su casa. El caminante le aconsejó que pillara un atajo y nuestro amigo sin dudarlo se fue hacia él. Era una buena idea cortar camino, aunque estaba bastante oscuro. De inmediato se acordó del primer consejo y volvió sobre sus pasos. Días después se enteró que ese camino, ese atajo, era una trampa, una emboscada en la que atacaban, gracias a la oscuridad y a lo alejado de la vía principal a los que por allí pasaban.

Cansado de tanto caminar, encontró un pequeña y sucia pensión por el camino. El sólo quería dormir, no aspiraba a mucho más que una cama. Pagó al dueño y al poco rato ya estaba en los brazos de  Morfeo.  A la hora escuchó un terrible ruido en forma de grito de mujer que lo despertó. Se acercó a la puerta para ver qué pasaba, pero se acordó del segundo consejo y volvió a su cama. A la mañana siguiente le preguntó al dueño de la pensión el motivo de los gritos y qué había pasado. Este le comentó que la mujer que escuchó sufría ataques de locura y que asesinaba a todo aquel que en el silencio de la noche intentaba socorrerla. Podía sentirse pues, un hombre afortunado.

 

Tras varias semanas de duro caminar divisó la chimenea de la que había sido y seguía siendo sido su casa. La noche era fría y a lo lejos pudo ver la silueta de su amada, pero … ¿qué veían sus ojos? Estaba acariciando el cabello de un hombre. Su amada, por la que él suspiraba lo había traicionado. Todas sus ilusiones estaban muriendo en ese instante.  Preso del colera decidió acabar con su vida, ya no merecía la pena seguir luchando. Pero antes acabaría con ella y con su amante. Cuando se disponía a afrontar su locura recordó el tercer consejo y decidió esperar a la mañana siguiente.

Al día siguiente se armó de valor y fue a visitar entre lágrimas a su amada. Cuando ella abrió la puerta no puedo reprimir abrazar a su marido, habían sido veinte largos años de ausencia. Él le recriminó con una voz quebrada: “Me has traicionado. No me has esperado y yo sólo vivía cada día por ti. Anoche vi que un hombre ocupaba mi lugar”. Ella, no puedo evitar sonreir a su amado, mientras le decía: “Ese al que llamas hombre, es tu hijo, ya tiene veinte años. Cuando te marchaste a luchar por nuestros sueños descubrí que estaba embarazada y aquí nos tienes para afrontar todos juntos el futuro”.

El marido no puedo reprimir llorar y les entregó el pan, lo único que tenía a su mujer e hijo. Cuando lo abrieron, vieron que dentro de él estaba todo su dinero. El trabajo de eso veinte duros años.

 

Espero que te haya gustado tanto como a mí este cuento y sobre todo que saques tus propias conclusiones.

Mientras tanto, ya que hablamos de cuentos, te dejo con una canción que siempre me gustó :-)

 

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