Leyendo “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” de Dale Carnegie, me acuerdo de dos frases que siempre pronunciaba mi padre: “qué fácil es tirar con pólvora ajena” y “qué bien se ven los toros desde la barrera”

Me vienen como anillo el dedo las enseñanzas de mi añorado “Perdomito”, en este caso relacionadas con el liderazgo, la gestión de equipos y las relaciones personales.

Hay que ver la cantidad de veces que no entendemos a los demás y los criticamos, simplemente porque no han hecho lo que a nosotros nos gustaría.  Sin embargo no nos paramos a pensar qué hubiéramos hecho nosotros en estas ocasiones. Hay un precioso adagio indio que dice que antes de juzgar a una persona, debes caminar durante tres lunas en sus zapatos.

Gracias a  Carnegie descubro uno de los  motivos por el que Abraham Lincoln ha sido considerado uno de lo más perfectos gobernantes del mundo. Quiero que conozcas esta pequeña historia que te voy a contar y entenderás el motivo por el que Lincoln tuvo una ocasión magnífica para criticar y reprochar la actitud del general Meade

En los primeros tres días de julio de 1863 se libró la batalla de Gettysburg. En la noche del 4 de julio, Lee comenzó su retirada hacia el Sur, en tanto que una gran tormenta inundaba de lluvia la tierra. Cuando Lee llegó al Potomac con su ejército derrotado se encontró un río embravecido e intransitable frente a él y con el victorioso Ejército de la Unión pisándole los talones.  Lee estaba atrapado. No podía escapar.

Lincoln de inmediato se dio cuenta que estaba ante la oportunidad de capturar al ejército de Lee y finalizar de una vez la guerra. Ordenó a Meade que no convocara un consejo de guerra, sino que ata­cara rápidamente a Lee. Lincoln telegrafió estas órdenes y envió un mensajero especial a Meade para que obedeciera de inmediato. 

¿Qué hizo el general Meade? Exactamente todo lo contrario de lo que se le había ordenado. Convocó un consejo de guerra,telegrafió mil y una excusas, dudó…  Se negó de forma rotunda a atacar a Lee. Pero las aguas bajaron y Lee escapó a través del Potomac con su ejército.

Lincoln estaba furioso. “¿Qué es esto? -gritó a su hijo Robert-. ¡Gran Dios! ¿Qué significa esto? Los teníamos a nuestro alcance; solo teníamos que alargar los brazos y eran nuestros, nada de lo que dije o hice logró que el ejército avanzara. En esas circunstancias, cualquier general podría haber vencido a Lee. Si yo hubiera ido, yo mismo lo podría haber derrotado.”

Lincoln se sentó a escribir esta carta al general Meade. Y recuérdese que en este período de su vida era sumamente conservador y moderado en su fraseología. De modo que esta carta, escrita por Lincoln en 1863, equivalía a la reprimenda más severa.

“Mi querido general: 

“No creo que comprenda usted la magnitud de la desgracia que representa que Lee haya escapado. Estaba a nuestro alcance, y su captura hubiera significado, en unión con nuestros otros triunfos recientes, el fin de la guerra. Ahora la guerra se prolongará indefinidamente. Si no pudo atacar con confianza a Lee el lunes pasado, ¿cómo podrá hacerlo ahora, al sur del río, cuando sólo puede llevar consigo unos pocos hombres, no más de los dos tercios de la fuerza de que disponía entonces? Sería irrazonable esperar, y yo no lo espero, que ahora pueda usted lograr mucho. Su mejor oportunidad ha desaparecido, y estoy indeciblemente afligido por esta causa.” 

¿Qué piensas que hizo  Meade al leer esta carta?

Meade no vio jamás esta carta. Lincoln no la envió nunca. Fue hallada entre los papeles de Lincoln después de su muerte.

¿Por qué Lincoln no envió la carta?

Lincoln escribía esta carta y daba órdenes tranquilamente desde la “comodidad” de la Casa Blanca. Desde la barrera los toros se ven muy bien, pero en el ruedo se ven de forma muy diferente. Por un momento se puso en los zapatos de Meade y se dio cuenta que en el campo de batalla había ya demasiada sangre, gritos de heridos y de moribundos… Se dio cuenta que si él hubiera sido el general Meade, muy probablemente tampoco hubiera atacado a Lee.

Lincoln sabía que esta carta solo le serviría para desahogarse, pero que no le haría ningún bien a Meade, que quizás abandonara tras leerla el ejército.

La vida le había enseñado a Lincoln a descubrir que las críticas y los reproches son casi siempre inútiles.

Espero que esta enseñanza nos ayude a poner un poco de Abraham en nuestras vidas y que no nos haga falta caminar esas tres lunas en los zapatos de otro… que eso puede dolernos mucho..

 

2 thoughts on “Lincoln, el general Meade, críticas y toros desde la barrera

  1. Laura

    Es verdad antes d reprochar, o reganar tenemos que ponernos en los zapatos ajenos, nadie sabe los problemas d los demas.

  2. Laura

    Es verdad antes d reprochar, o reganar tenemos que ponernos en los zapatos ajenos, nadie sabe los problemas de los demas.

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