Una vez más tengo que hablaros sobre lo negativo que es presuponer. Realizar suposiciones sobre algo que puede o no pasar, sin tener una certeza de si pasará o no – ya que no tenemos la bolita de cristal para averiguarlo- , te vuelve inestable y muy vulnerable. Es curioso, porque ese foco, que es clave para lograr nuestras metas y objetivos se pierde totalmente, ya que pasa no a un segundo plano, sino que se te olvida por completo su existencia.

 

Debes ser mentalmente muy  fuerte para intentar aparcar las influencias negativas que ejercen sobre tu mente  este tipo de suposiciones. Ya sé que no es fácil, pues todos somos humanos, pero mi consejo es que no pongas el parche hasta que se pinche la rueda, primero porque ese parche no serviría de nada y segundo porque es probable que esa rueda no se pinche nunca.

 

Cuando los acontecimientos se precipiten -si es que eso ocurre- ya tendrás tiempo para actuar y deprimirte -si es el caso – pero con argumentos, no con suposiciones.

No sé si recordarás la canción que decía: “no hagas caso, esa jugada, son rumores, son rumores…”

 

“Seguro que he suspendido, seguro que estoy enfermo, seguro que me despiden, seguro que no se fijan en mí porque no soy lo suficientemente bueno… ” Deja de presuponer, y vive tu vida en positivo, que las desgracias vienen solas y no hace falta llamarlas, ¿para qué anticiparte a las mismas?

 

Hablando de presuponer, el otro día escuché de la mano de @Mister_Ventas un pequeño cuento sobre los errores que podemos cometer presuponiendo:

 

Era verano, época de incendios en muchos bosques de España y un intrépido fotógrafo pidió montarse en uno de esas avionetas que apagan los fuegos para acercándose todo lo posible conseguir las mejores instantáneas. Quedó citado a eso de las cinco de la tarde y en cuanto vio la avioneta subió a la misma con el mejor de sus equipos para sacar las mejores fotos. Era tal su ilusión que no le dio ni las buenas tardes al piloto, simplemente le dijo, “vamos” y al acercarse al fuego le pidió que se acercara al mismo lo máximo posible… La cara del “piloto” era todo un poema y la de nuestro amigo aún más, cuando el piloto le respondió: “Oiga señor, yo no soy piloto, pensé que usted era mi instructor de vuelo” .

 

Y es que a veces en la vida presuponemos demasiado…

 

 

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