Que hay gente “mu” rara en el mundo todos los sabemos. Que hay gente obsesionada por los más variados temas, también. Que hay mucho personaje “jartible” y “cansino” suelto en la calle, no lo duda nadie. Y que hay “porculeros” profesionales, por suerte o por desgracia, tampoco. Lo que no sabíamos hasta ahora era que la A.E.P.D. estaba poniendo, con buen criterio, límites a los denunciantes compulsivos.

 

¡ATENCION, ACHTUNG, ATTENTION! El post que está a punto de leer contiene parrafadas, palabros y expresiones que pueden herir su sensibilidad a la vez que provocarle una grave somnolencia.

 

Por ello, Avezalia, en su infinito egoísmo y exclusivo interés y con la finalidad de que no salga corriendo, que siga leyendo y que nos termine contratando, ha traducido las parrafadas, palabros y expresiones de ese idioma incomprensible que puede ser el legalés (en negro) al Perogrullo (en morado), de modo que la lectura no suponga riesgo de aburrimiento ni sea fuente de futuras pesadilla.

 

¿Cómo reconocer a un denunciante compulsivo?

La A.E.P.D., ha dado la razón a Avezalia en un asunto relacionado con el envío de una comunicación comercial electrónica no solicitada ni consentida.

Vamos, que la Agencia de Protección de Datos pretendía multar a nuestro cliente por spam, básicamente, gracias a la denuncia de una persona que recibió un correíto. Pero… Ganamos!

En su resolución, la A.E.P.D. declara que “el denunciante se ha dirigido a la Agencia hasta en 68 ocasiones […] dando lugar a la apertura de procedimientos ante la A.E.P.D., tanto sancionadores como resoluciones de archivo de actuaciones y a la inadmisión o desestimación de escritos”.

O lo que es lo mismo: ¡¡este tío es una metralleta denunciando!! ¡¡68 denuncias!!, ¡¡Madre del amor hermoso!! Peor que el cuñao de Rocky, ¡¡Qué tío más pesao!!

Del mismo modo, toma en consideración la A.E.P.D. que “el denunciante conoce bien la normativa de comunicaciones comerciales y de protección de datos y las obligaciones que les incumben en el tráfico jurídico entre las empresas y entidades con las que mantiene relaciones de cualquier índole”, añadiendo a continuación que, no obstante ello, “se observa la utilización por el denunciante de determinadas argucias para, a continuación, invocar el incumplimiento por las entidades denunciadas de los requisitos formales exigidos por la normativa específica de comunicaciones comerciales y protección de datos. Así en relación con la falta de autorización o consentimiento para la recepción de comunicaciones, se ha acreditado que en ocasiones se inscribe en los sitios web solicitando información para con posterioridad negarla”.

Este es el clásico ejemplo de que cuando hablan bien de ti (el denunciante conoce bien la ley y se la ha estudiado) es para darte fuerte y flojo después (el denunciante, además de jartible es un listillo y no tié otra cosa mejor que hacer que buscarte las cosquillas)

Finalmente, culmina la A.E.P.D. afirmando que “se ha comprobado que dicha conducta es habitual en el denunciante, toda vez que al recibir comunicaciones comerciales, en principio, no solicitadas, responde sistemáticamente a las mismas no sólo requiriendo la información indicada, sino que también incluye la amenaza de denuncia ante la A.E.P.D., lo cual, en todo caso, hace efectiva ante la ausencia de contestación o con independencia del sentido de la respuesta obtenida mediante la interposición de un escrito de denuncia que suele obedecer a un contenido y formato modelizado que complementa mediante la remisión de determinada documentación relacionada con el envío denunciado en cuestión.”

Vamos, que la criaturita es conocida en la A.E.P.D. por lo “pesao” que es, pero es que, además de eso y no contento con ello, también tiene mala leche, ya que al “jartible” en cuestión poco o nada le importaba la actitud o la respuesta del denunciado, ya que tiraba pa´lante como un buey de un carro. De esta forma, si el denunciado intentaba arreglar las cosas por la vía amistosa, a este hombre se la traía al pairo.

Por tanto, de todo ello, se puede deducir que estamos ante la presencia de un denunciante compulsivo cuando concurren los siguientes elementos:

• Uno de carácter cuantitativo.- La denuncia compulsiva, esto es, reiterada por la misma persona, ante el mismo órgano y por las mismas circunstancias. En el presente caso, 68 denuncias ante la A.E.P.D. y por la remisión de comunicaciones comerciales electrónicas.
• Otro de carácter cualitativo.- En este caso, la impugnación sistemática sin adoptar, previamente a ello, otras medidas complementarias que también le ofrece la normativa reguladora de las comunicaciones comerciales electrónicas o sin esperar el resultado de las mismas.

Resumen: denunciante compulsivo = jartible + listillo + con mala leche

 

¿Cómo argumentar jurídicamente el carácter “jartible” y “porculero”?

Visto lo anterior, queda por exponer la argumentación jurídica a que dan lugar los anteriores hechos, evitando la fea costumbre adoptada por algunos de limitarse a alegar el muy socorrido “iura novit curia”.

Esta expresión tan extraña viene a significar que, como el juez tiene una oposición aprobada, debe conocer todo el derecho, lo cual es aprovechado por algunos abogados que se limitan a exponer los hechos del asunto, limitándose, de señoriales maneras, a alegar directamente como único argumento jurídico, el conocimiento jurídico del juez para que resuelva sobre la base de los hechos expuestos.

Y dicha argumentación es extremadamente sencilla y se encuentra apoyada en los principios generales del derecho, en concreto en el contemplado en el artículo 7 del Título Preliminar del Código Civil: el abuso de derecho y concretado a nivel procesal en el artículo 247 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

En efecto, termina concluyendo la A.E.P.D. que “cuando los derechos se ejercitan ajustándose formalmente a los requisitos que establece la Ley, pero de manera anormal, de forma tal que se desvirtúa su contenido esencial, se incurre en un abuso de derecho que el ordenamiento jurídico en ningún caso puede amparar”.

“La apreciación de una conducta como abusiva requiere y exige que la base fáctica ponga de manifiesto tanto circunstancias objetivas (anormalidad en su ejercicio) como subjetivas (ausencia de finalidad serie y legítima en el ejercicio del derecho).

Dicho en Román paladino: es como el que te está tratando de usted pero, en el fondo, te está poniendo de vuelta y media con buenas palabras y sin perder las formas. Y eso, oiga usted, no está bonito.

“[…] En el presente caso, de los antecedentes que constan en esta Agencia, se desprende que existen circunstancias que permiten cuestionar la finalidad seria y legítima del denunciante en el ejercicio de los derechos reconocidos tanto por la L.S.S.I.C.E. como por la L.O.P.D., que está obligado a un ejercicio coherente de su derecho, coherencia que se halla ausente en su actuación y de la que se deduce que todo su tiempo está destinado a la constante y repetitiva presentación de escritos sobre los mismos hechos, permitiendo identificar su comportamiento como abusivo”.

La Agencia, tras un montón de denuncias, termina finalmente comprendiendo que el denunciante ha empleado sistemáticamente su tiempo en dar por saco a todo bicho viviente con el que se ha cruzado en su bandeja de mail, sin optar por otras vías previas con las que, a buen seguro y sin armar tanto jaleo, se hubieran arreglado también las cosas.

 

Moraleja.

Se impone la observancia de la buena fe sobre cualquier otra consideración, de modo que hemos de asesorar a nuestros clientes no como posible fuente de ingresos por la inminencia de procedimientos facturables producidos al por mayor, y optar, en coherencia con los principios del derecho sancionador (sea administrativo o penal) como “ultima ratio” en defecto de remedios legales previstos previamente en la legislación y menos gravosos jurídica y económicamente.

Es mejor solucionar las cosas por la vía amistosa, aunque suponga ceder un poco. Y sobre todo, en el momento que veas que te aburres demasiado cómprate un libro de autodefinidos, sopas de letras y sudokus, porque corres el riesgo de convertirte en EL DENUNCIANTE COMPULSIVO.

2 thoughts on “El denunciante compulsivo (versión dual legalés-perogrullo)

  1. Regina

    Entiendo que tal y como está España y las circunstancias que nos rodean, no está mal que haya personas con coraje que luchen por lo que creen justo y correcto, ya no 86 sino 500 veces. Con más gente como él igual los políticos, bancos, empresas y demás carroña no estarían donde están, ya que habría alguien para recordarle a cada uno de ellos que lo que están haciendo no es legal/honrado/justo. En fin, aplaudo iniciativas como ésta, y espero que aunque no haya ganado esta batalla, acabe ganando la guerra.
    Un saludo.

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