Mister Ventas

La semana pasada asistí a la presentación del libro “Vende” de Joaquín Caraballo en las magníficas instalaciones de la EOI de Andalucía en Sevilla. Soy de los plenamente convencidos que cada momento en la vida es una oportunidad para aprender algo nuevo,  o recordar algo que quizás hubieras olvidado. Sobra decir que, aunque ya hubiera no solo leído, sino hasta estudiado su libro,  no iba a desaprovechar la invitación  de @Mister_Ventas, pues sabía de antemano,  que tener delante a un profesional de la venta con su experiencia y valía, me aportaría bastante.

 

El libro, tal y como dije en tono de humor, aunque haciendo honor a la realidad y tras la brillante exposición del autor es “de los que no te gustaría que tu competencia conociera”, ya que tiene multitud de enseñanzas para triunfar en el tan complicado mundo de las ventas.

 

 

Quería hoy traer a mi blog algo que me recordó Joaquín y que comento en forma de reflexión en voz alta. Es un pensamiento que tantas y tantas veces tenemos en nuestra mente los vendedores y que nos impide precisamente eso que deseamos y que no es otra cosa que realizar la venta. ¿Por qué damos por sentadas tantas cosas de nuestro posible cliente? ¿ Por qué presuponemos?

 

Os pondré varios ejemplos:

 

–          Ese cliente me comentan que es muy antipático, yo no voy a verlo.

–          Seguro que mi producto o servicio no le interesa, yo no pierdo el tiempo en visitarlo.

–          Me han dicho que solo le interesa lo más barato y yo seguro que no llego.

 

Como estas frases os podría poner muchas y estoy convencido que tú conoces muchas más.  Lo único claro es que al no salir de tu zona de confort, no vas a intentar venderle a este cliente. Vamos, que lo único claro es que a ti nunca te va a comprar.

 

Lo curioso del asunto es cuando pasa el tiempo y alguien te dice que conoce a ese cliente (que obviamente no es tu cliente) y que es  “buena gente”, o alguien te informa o tú mismo lo descubres que ha comprado un producto o servicio que era el mismo que tú ofrecías y pensabas que no le interesaría. Ya ni te cuento cuando te enteras  – que al final un buen comercial se entera de todo-  que pagó más a tu competencia que lo que tú le hubieras cobrado.

 

En este caso, y como diría mi niña Inma, te digo el resultado del partido: Prejuicios 1 – Vendedor  0

Es triste perder un partido, pero más triste aún es perderlo cuando ni tan siquiera lo has jugado.

Recuerdo cuando yo era un niño y buscaba excusas. Mi padre siempre me decía que  frases como : “es que yo me creía”, “es que yo pensaba” , etc eran típicas de perdedores. ¡Qué razón llevaba!.

 

Me gustaría que esta reflexión que hice en voz alta, te sirviera no solo para el maravilloso mundo de la venta, sino para tu vida diaria. No prejuzgues, no hagas juicios de valor, no des nada por sentado. Quizás, si no lo haces,  puedas llevarte una grata sorpresa.

 

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